Caminando por el parque, llegamos a “Boston Common Frog Pond”, donde en invierno se patina sobre hielo, la verdad que no pude contenerme, lo perseguí y tuve que tomarme una foto dándole un beso a mi Príncipe Sapo. El Chino se rió mucho, Marianella pensó que se me iba a caer la mitad de la boca por besar a una escultura.


Sin embargo él Príncipe Sapo ni se movió, siguió congelado sujetando su cara con una mano y manteniendo su cara pensativa, aburrido mirando la calle.
El príncipe Sapo me hizo recordar a la educación que tenemos de niñas las mujeres, todas las historias tienen que ver con un “Súper Príncipe” el cual se casa con una princesa; y ahora las historias vienen enlatadas en todas las formas que nos podamos imaginar, ya sea en forma de Sirenita, Bella Durmiente, Pocahontas o hasta la Princesa Fiona.La mala noticia es que la historia se le queda grabada en el subconsciente a muchas mujeres, y es bien triste ver mujeres entre los 25 y 30 años o mas grandes, que aun no maduran y esperan que aparezca un príncipe impecable a tocarles la ventana. También hay el grupo de chicos, que se quieren sentir príncipes con una presión increíble y un To Do List en la vida inmenso.
Un último punto importante es que los cuentos siempre acaban cuando recién se juntan los personajes. Nadie supo que paso después de 5 años con Cenicienta, fácil mando a la miércoles a su príncipe y se fue con Aladino.
Bueno mi reflexión es que no hay perfección en nadie, es fácil exigir a otras personas y opinar, cuando en verdad uno debería exigirse a uno mismo. En verdad no hay una receta para vivir la vida, pero la gente que la vive de manera más intensa, con emoción, sin complejos, creo que es la más feliz.